¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?
Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..
Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..
jueves, 3 de marzo de 2011
Sueños perdidos.
Sueño que sueño que estoy soñando…
Excelente frase de la gente intoxicada.
Ya sea por droga, humo, presión, estrés, o intoxicada como lo estoy hoy, mientras soplo las palabras que salen de mi mente y las inserto en la hoja blanca de papel.
Tal vez intoxicada de amor.
Locamente enamorada de vos. De tu voz gruesa y llamativa, que altera las mariposas que habitan en mi estómago, y esperan impacientes el llamado de una nueva esperanza para salir.
Quizás de tu sonrisa dulce y tus carcajadas que contagian el aire.
De tus ojos marrones que miran con miedo y profundidad.
O de tu andar fuerte, que quema y derrite los escalones de tu mundo.
Tu cuerpo, tu luz, tu alma, me tienen infinitamente loca de amor.
Aquellas noches que recuerdo estar a tu lado, el sentir de tus manos curiosas y suaves rozando mi desnudo cuerpo, sintiendo las facciones de mi rostro, el calor de nuestros cuerpos que emanaban sudor y pasión, los apasionados besos que demostraban esperas y reencuentros, han alterado mi corazón y hoy lo encuentro obsesionado.
Está completamente encaprichado en tenerte nuevamente y revivir los mágicos instantes en que fuiste mío.
¿Qué debo hacer entonces para acallar su voz? ¿Cómo le hago entender a mi pobre corazón que es muy peligroso amar?
Pareciera que no le ha bastado tanto sufrimiento y no le teme; que se siente aventurero y con ansias de luchar.
Quiere vivir, quiere sentir, desea dejar atrás los fracasos y los terribles desencuentros que en algún momento lo hirieron y le dejaron marcas en su roja y latente piel.
Pero mi mente está cansada y creo que las palabras del alma enamorada no la convencen.
La razón se cree más inteligente, o tal vez, simplemente lo ha analizado todo con lujo de detalles.
Concluyó que el amor está a una gran distancia, y el estado del cuerpo no es el apropiado para ganar la carrera.
¿Cómo puedo decidir ahora? ¿Qué es lo que se hace cuando la razón está en contra del corazón?
Posiblemente debería dejarlo todo en una nube y soñar…
Uno de estos días me topé con un señor, mientras caminaba por la plaza de canteros floridos. Éste me había comentado que no se encontraba en buenas condiciones. No sabía si la herida era en su esencia o su físico.
A simple vista parecía sano, fuerte y equilibrado, pero su mirada era la más triste que jamás había visto.
La solución de este bienaventurado anciano fue seguir sus sueños y luchar por ellos, más allá de las adversidades. Consiguió así ser feliz y sus ojos transformaron profundamente el significado de su rostro.
Y cuando obtuvo lo que siempre deseó, me encontré sola, había desaparecido, y con él mis esperanzas.
La salida ya la había encontrado, pero faltaba hallar el condimento más importante:
¿Dónde estaban escondidos los sueños?
Algunas fábulas contaban que la Diosa Alma los dejó olvidados una noche clara en una Isla del Pacífico, y otras que Alegría los recogía, los ataba en su cintura y los guardaba. Pero un día alguien encontró el escondite y no se conoce más nada al respecto.
Los días seguían pasando, y yo continuaba mi camino, sin saber por donde caminaba. Me guiaban los senderos y las flores. Los animales imitaban mi andar, sin rumbo ni sentido.
Y arribé a un campo extenso, lleno de tupidos árboles con troncos anchos y añejos. Era un inmenso campamento al aire libre.
Había personas, héroes, niños. Sorprendida observé mi alrededor y quedé estupefacta. Contemplé cada movimiento. Era realmente un lugar mágico y maravilloso.
De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por cada rincón había gente ofreciendo sueños en canje.
Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño para llorar un llanto bien gustoso.
Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de su sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lo había llevado por delante: el hombre iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía estandartes de colores.
También se encontraba el aguatero de los sueños. Llevaba el agua en su espalda, en enormes vasijas, y la brindaba a quienes sentían sed mientras dormían.
Entonces me pregunté… ¿Qué hago aquí, en este lugar tan fantasioso, donde las personas disfrutan sus sueños?
Intenté recostarme sobre la tierna hierba del bosque, para que los sueños llegasen a mí, pero fue en vano.
Era imposible que aparezcan, mi cabeza continuaba vagando tranquilamente por los blancos montes, pensando en amoríos y dolores…
En ese instante recordé que jamás volvería a soñar, los deseos se habían escapado de tu mano, se habían ausentado con tu huída, y yo seguía intoxicada…totalmente intoxicada por tu amor…
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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…

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