¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

jueves, 3 de marzo de 2011

Cerrada por melancolía.



Hoy estuve recostada sobre la vieja y casi arruinada hamaca del patio trasero de mi casa,
Posando mi liviana cabeza sobre el brazo izquierdo que la sostenía obligadamente.
No creo que nada emocionante haya ocurrido en aquel entonces, y por ende, las letras motivadoras de mi alma no lograban escapar de mi seca boca.
Las verdes hojas que se movían al son del tranquilo y casi ausente viento veraniego, conseguían que mis pulsaciones se acallaran y mis ojos vislumbrados caigan lentamente,
Hasta toparse con la piel del sumiso rostro.
Tal vez haya pasado un ángel, o no sé si había sido una musa.
Pero la corriente levantaba polvo y atolondrada empujó mi pesado cuerpo, haciéndolo caer al suelo.
Aunque parezca extraño, en ese instante, me adentré en una dimensión maravillosa y excitante, donde cualquiera desearía estar, seguramente.
Si ahora debería describirla no exageraría al decir que es más extensa que mi imaginación, más clara y brillante que mis ojos cuando lloran gotas de dolor, tan blanca y pura como mi alma, y extremadamente apasionada, así como todo el fuego que corrió en algún momento entre nosotros, quizás bajo tus sábanas.
Del tamaño de una enorme fachada, posiblemente como la del reino que soñábamos aquellos días, encontré frascos de cristal.
Los noté viejos y desgastados.
Me tomó por sorpresa que no tuvieran trabas ni cerraduras, y mi mano y corazón aventureros optaron por descubrir la magia de su interior.
Dentro hallé PALABRAS. Eran tan hermosas como tu sonrisa, y esperaban por mí.
Se me ofrecían frenéticamente, locas de ganas de ser elegidas.
No tuve intensiones de irme, esa idea jamás se posaría en mi mente.
Estaba extrañada y con ansias de conocer más. Había encontrado esa aventura que se escapó súbitamente en los días que acechaba la soledad.
Las letras se unían y rogaban que las mirara, que las oliera, que las tocara, que las lamiera.
Sin dudarlo les respondí, abrí los frascos, probé las palabras con el dedo y, entonces relamía o fruncía la nariz.
Luego comencé a seleccionar y me puse en busca de palabras que no conocía, o tal vez, algunas que conocía y había perdido.
Lo último que pude disfrutar antes que la brisa me tome nuevamente y retorne a recostarme sobre la hamaca donde me encontraba minutos posteriores, fue el encanto de una mesa.
Estaba llena de fuentes de gran tamaño.
En ese rincón se encontraban los COLORES. Separados y enmarcados.
Alcancé a recoger los que me hacían falta:
Tomé el AMARILLO del sol, para alumbrarte cada noche en que te encuentres triste, y la luz de la luna no alcance a iluminar tu apagada alma;
El NARANJA del durazno, para endulzar tus besos y saborearlos por las tardes en que te encuentres lejos;
El AZUL del mar, para sentir la fresca brisa de tu presencia y recostarme con ella en la hierba salpicada por el rocío;
El NEGRO de la muerte, para mantenerlo escondido dentro del placar, con candado y fuertes cadenas, y prohibirle así su salida. Nunca más sentirás así dolor;
Y por último logré rozar con el ROJO del amor, el color tan deseado e igualmente gozado por todas las almas enamoradas. Ese espectro que llega y no escapa, que enciende y une cuerpos y pasiones. El que hace arder con las llamas de su fuego, más poderoso que la misma agua.
Me llevé la tonalidad más maravillosa que se encuentra en la tierra, y me hallo ahora frente a mi escritorio, empeñada a gastar ese color sólo en ti.
Voy a volver a enamorarte y jamás se irá de tu cuerpo.
Nunca podrás abandonar mi amor, porque le di a tu corazón el ROJO y con cadenas quedó atado en tu pecho. Para siempre…

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…