¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

viernes, 4 de marzo de 2011

Peligrosa Obsesión.



Redondas. Uniformes. De cuerpos marcados y llamativos.
Figuras que marcan tendencia donde se las encuentre. Peligrosas obsesiones.
Saladas o dulces. Dietéticas o de amargo chocolate.
Caricias que entristecen el alma. Golpes que duelen con el correr del tiempo.
Enemiga de mi angustiada cabeza y amante de la soledad cotidiana que habita en los cielos cuando te escondes para dormir.
Te observo mientras caen gotas de sabor desde mi boca, seca de pasión y deseos.
Registro tu aroma desde lejos.
El calor que sale de tu cuerpo semidesnudo llega a mis manos pidiendo más huellas.
Más de tu texturado tejido. De tus movimientos que despiertan mis cinco sentidos.
Sueño con tenerte, gozarte y sentirte, dulce y suave como un fresco helado de frutillas.
Notar tu deslizamiento en mi anatomía, olvidando cualquier anomalía y complejo que afecte mi mirada.
Hoy quiero llenarme de tí hasta que mis manos no ansíen tocar mi cintura.
Hasta que mis húmedos labios pidan más, mi lengua te necesite, y a gritos desesperados negocie por un poco de tu adictiva droga; y sienta que nades por esta máquina que ingiere amor, un amor tan superficial como mis palabras.
Los espejos que rodean mi cuarto se volverán oscuros y opacos, así como mis ojos en las horas que te recuerdo. No reflejarán el sol del día ni la luna de las noches estrelladas.
Entonces, en medio de la tenue luz del farol que se esconde entre los árboles, no podré verme. Ni verte. Ni vernos cuando rocen nuestros acalorados cuerpos y tu prohibida estructura firme un stop con mi centro.
Cuando haya experimentado la aventura de tu detestada presencia, revoloteando como polillas que comen sin miedo mis ilusiones. Te odiaré más. Hasta no poder escribir siquiera tu nombre.
Tus cortas sílabas causarán en mí pánico y terror.
Mi cuerpo esbelto estará completamente contaminado con tu peligrosa esencia.
El veneno de tus propiedades naturales será como morfina corriendo por mis venas.
Poco a poco mi sonrisa irá desapareciendo, reemplazada sin razón por aquella triste línea que apenas logra encontrarse entre las lágrimas. Cubrirán mis mejillas como arena en el desierto.
Intentando desesperadamente eliminarte como un rayo que cae y se mezcla entre las negras nubes, veo gotas de sangre recorriendo con vigor mis brazos manchados de algodón. Y lloro. Y te odio más.
Pero aún sigues ahí. Detienes el tiempo. Mientras la rutina del mundo que nos rodea como un esclavo del pasado, deja marcas en las calles. Viven sin nosotros. Sin mí.
En aquel momento, recojo un sucio diccionario, con la etiqueta de alguien que lo perdió buscando esperanzas.
Releo ideas vagas y absurdas como tu engaño, y las uno haciendo un collage para comprender el rompecabezas de la vida.
En él pegué relámpagos de opciones y viejos inventos creados por un Dios para salvar cuerpos sin alma.
Imágenes que tomo como mías. Las apropio sin permiso. Formo con sus letras mi segundo nombre.
Ahora, quizás, desaparezcas. Huyas de mi cuerpo o sólo quedes a un lado.
Donde quieras podré dejarte. Sobre la mesa, en algún mesón perdido o en el suelo de cualquier bosque encantado. Pero nunca más pidas estar dentro mío…
Y así sucedió. Maldito sueño incumplido, te has desprendido. Entre lágrimas y gritos de dolor y asfixia. Porciones de tu codiciado pecado resbalando entre mis mojados dedos y mi rostro agotado.
Allí te veo, y levanto mi mano. Ya estás fuera, y les has devuelto la sonrisa a mis labios.
Te saludo, y con un confuso goodbye giras por segundos, antes de desaparecer de mi vista.

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…