¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

viernes, 4 de marzo de 2011

Locura y realidad.



Si lo pienso por un instante…tal vez mi vida no es una locura. O sí.
Quizás cuando caen mis palabras y manchan las blancas capas de papel, vuelco en ellas esos pedazos de agonía que laten con vigor por las noches.
Quizás esta soledad intenta salvarme, o sólo está jugando a la calesita con mis ideas, me instaló sin preguntar en un parque de diversiones.
Tal vez siempre estuve varada en estas calles, en este tiempo, en esta realidad tan poco real... Y sigo vagando entre opciones sin saber cuál escoger.
Parada frente a frente con mi destino.
A mi izquierda aquella pequeña tímida, carente de aventuras y ahogada en sueños. 
Amarrada a su tierra, llorando por un juguete roto y gritando con fuerza a su mascota que se aleja.
A mi derecha, una gran sombra opaca e incorpórea. 
Una pila de hojas a punto de caerse que esperan ser descubiertas. 
Una vida y una muerte tomadas de la mano.
Y aquí estoy hoy. Una mente psicópata recogiendo con las manos las mariposas que revolotean sobre mi cabeza. No me dejan dormir.
Esta maniática disfruta de caminar entre abismos y saltar hoyos que se han quedado sin suelo. 
Una excéntrica confundida, decidiendo con un ta-te-ti, si dar un pie hacia delante o seguir robando sueños para no despertar.
Pastillas, tóxicos, antidepresivos o para dormir.
Cajitas de sorpresas que guardan secretos nunca revelados.
Miradas que matan, olores que van y vienen, se instalan y torturan. Por horas. 
Ruidos de guerra, contaminando los espacios verdes de mi cabeza, sótanos donde me acuesto a respirar cuando las voces aturden mi conciencia. 
Sabores que conquistan mi lengua. Dulce y amargo. Hoy saben lo mismo dentro de mi boca. 
Momentos felices donde mi alma brilla, para luego caer al descontrol de la rutina, al mundo de los vivos, de los sanos, de los que creen ser normales.
Paranoicos que no reconocen sus concepciones monomaníacas progresivas.
Mentirosos mezclados entre amigos y extraños, viven días de fantasía inventados para olvidar su triste vida en el infierno.
Drogadictos a las sensaciones, a las pasiones y a las manos suaves de una madre.
Abusadores del aire puro y de las noches estrelladas.
Anoréxicos que no ingieren esperanzas ni sonrisas, vomitando a cada paso porciones de vida, de sueños, amando a la muerte y rezándole a un Dios invencible.
Mientras tanto, yo sigo resolviendo el crucigrama de mi inocencia…viviendo de a dos las emociones de mi alma, conllevando esta vida casi real, intentando comprenderme desde estas dos personalidades que me acosan durante los días y las noches.
¿Dónde está la línea que separa a mis dos desequilibrados mundos?
¿Hasta dónde puedo caminar sin toparme con la locura psíquica que persigue mis sombras?
¿Será posible sobrevivir unos años más compartiendo la soledad con mi compañía, la muerte con la vida, la pasión desenfrenada y la tranquilidad mutilante?
Quizás no, no estoy loca, no creo en este diagnóstico frío y cruel.
La vida es una locura, pero yo no estoy en ella. La veo pasar.

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…