Qué absurda sensación, patética posibilidad de autocontrol.
Desgaste físico y mental, provocado por los abusos del tiempo.
Decisión de darle un freno al movimiento de mis emociones, bajarle el pie a las alas de la aventura y tocar tierra firme con los pies cansados y sucios.
Me dejo golpear sin razón por las manos de la locura, sostengo el pesado mundo con mi dedo meñique y anudo mi cuerpo con sogas gruesas y filosas que encontré una tarde buscando esperanzas.
Otra vez no, el pasado triste y oscuro no volverá a tocarme. No permitiré que renazca de las cenizas, no le daré suficiente fuerza.
Si yo misma cavé su tumba, fui yo quien lo enterró vivo y en pedazos. Mis manos fueron las que sepultaron aquel cajón que aún sangraba ilusiones.
Mis palabras, los últimos sonidos que oíste salir de mi desesperada boca, cayeron junto a tu cuerpo a ese profundo y húmedo hoyo, del que nunca saldrás, aunque lo intentes.
Yo fui quien cantó el himno a tu muerte, quien cortó las rosas del jardín que tanto amabas, quien mojó el suelo seco con lágrimas al ver que huías de mi lado.
Sólo mi corazón intentó hundirse violentamente y permanecer atrapado entre los escombros de la soledad y el silencio.
Sin embargo, hoy sigo caminando sobre las mismas calles desoladas, respiro el contaminado aire de la ciudad, y riego las mismas rosas que olíamos por las mañanas.
Tú ya eres pasado, enterrado como las horas y los días, muerto como las noches de pasión, intacto como las imágenes de las fotografías que nunca tomamos. Ya no eres nada, sólo recuerdo, vagas y torpe recuerdo que sólo viene a la memoria cuando no hay nada en qué pensar.
Eres frío y añejo, un tonto y desquiciado pasado que detesto como a tu propio nombre, un cruel espantapájaros de sueños, un asesino de almas enamoradas, ladrón de ilusiones y futuros perfectos.
Hoy te veo desde lejos, te observo tras un muro con los ojos cerrados, y ruego que nunca aparezcas. Que tu alma quede apresada por siempre, que tu maldad se ahogue con tus penas y tu corazón no palpite cuando hayas despertado.
Porque no formas más parte de mi vida, te fuiste de la mano con mis tristezas, nadaste por mares con las olas de mis lamentos y clavaste el ancla donde el barco de la soledad tiene su terreno.
Allí donde habitan los momentos que no recuerdo, los sentidos que ya no siento, los dolores que no duelen ni amargan.
Quedaste varado en mi pasado. En mi triste y olvidado pasado.

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