Qué hacer cuando resulta imposible soportar la cruel soledad…ella hace huecos en la oscuridad de mi cuarto, y limita el territorio de mis sueños a puertas cerradas.
Qué sentir estas tardes tristes y mojadas, donde la lluvia salpica mis pies que asoman desde la ventada, si mi corazón no está conmigo, se lo llevó de paseo tu imagen.
Qué pensar cuando sólo tu recuerdo fugaz y aventurero habita en mi cabeza y da vueltas por cada uno de sus rincones como un fantasma atravesando paredes.
Qué tocar, si ya no siento siquiera mis manos, te has llevado hasta mis huellas, mis aromas, mis pequeños deseos de libertad.
Qué labios besar en momentos como éstos, cuando mis ganas salen triunfantes frente a la razón.
A qué cuerpo le haré el amor cuando golpeen a mi puerta la locura y la pasión desenfrenada, llamando en silencio al codiciado pecado.
Poeta escondido entre sábanas, dedícame una vez más esas palabras que me hacen sentir viva.
Léeme despacio y con pausas las líneas que subrayan mi nombre. Enumera las páginas prohibidas y arranca aquellas que te hacen romper en llanto.
Escultor de mis sueños, talla en mi pecho la esperanza de recuperarte, martilla con vigor y clava fuertemente el punzón de hierro que compraste, mi corazón ya no sangra.
Ni Picasso ni Dalí, sólo tus manos podrán devolverle el color a mi sonrisa.
Has que rebalse de brillos esta habitación, decora cada rincón con tus ganas. Ponle tu firma a cada detalle. Aquí no hay límites, sólo tú y yo, y la tarea de transformar nuestros mundos.
Mi músico preferido, quiero oír nuevamente esa canción, que la música llene el aire con tus voces, que cambien con el choque de tu dulce mirada.
Quiero ser tu estribillo, tu principio y tu final, ser el coro y la melodía. Ser tu acorde, tu corchea y cada una de tus notas. Llenarte de mí, de mis sonidos y silencios.
Déjame ser tu escultura perfecta, y cúbreme con acuarelas para que sólo tus ojos logren contemplarme. Elige las partes de mi anatomía que más te cautiven y llévalas de regalo, todas te pertenecen.
Tómalas con cuidado y construye el monumento más hermoso que nunca antes hayas imaginado.
En él reposarás por las noches, protegido bajo mis cálidos brazos.
Allí te esperaré fría, blanca y pura como mi alma. Sin telas, sin alhajas ni condiciones.
Tan vacía como el desierto, para despertar en tí el deseo del artista que llevas dentro.
Vamos, comienza a moldearme, y hagamos juntos de ésto, un nuevo Renacimiento.

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