¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

jueves, 3 de marzo de 2011

Sabes que no te espero...


¿Nunca sentiste el mundo sobre tu cabeza, y al intentar vanamente sostenerlo con tus manos recibiste el golpe que cambió tu vida?

¿Nunca debiste borrar de tus planes todas las ilusiones que ideaste y soñaste hasta este momento?

¿Acaso nunca creíste que todo había terminado para vos, y no tenía sentido continuar caminando con ese peso cargado en la espalda?

Inútilmente caigo en pretextos que no tienen sentido alguno. Dar vueltas en la cama no me ha ayudado en lo más mínimo, sólo mareó aún más mis imágenes; me hizo vomitar las dudas y miedos.
Hoy es uno de esos días en los que subo al cielo y miro mi cuerpo sobre el aire. Observo cada caricia y cada beso. Cada lágrima que cae sobre mi mejilla, y cada letra que deposito en aquellos papeles que me acompañan incondicionalmente dentro de mi escritorio.
Esas noches en las cuales prefiero acallar mi voz, apagar el llanto y sólo escuchar el suave eco del silencio. Aquel que aplaca mis perplejidades y tranquiliza mis nervios.
Pero quedan pocas horas. Sólo 72 horas.
Y al fin sabré que mi vida ya no será la misma caja cristal que cubrió con su manta mis errores y fracasos.
No caerá frente mi fisonomía ese Dios fuerte para alegrarnos las tardes; y no manchará con el rojo de la pasión las sonrisas de nuestros rostros, y no dolerá jamás, porque ese dolor trepará como una fiel enredadera de jardín, por mi tallado cuerpo. Se posará parte en el corazón y parte en mis diminutos ojos, cansados ya de este insomnio.
Despedirá mediante ellos lágrimas y llantos. Gotas que denotarán la desestabilizad de mi mente.
Mi pecho se verá comprimido y pequeño, absorbiendo cada burbuja de locura y desesperanza.
El calendario será un fiel retrato del Infierno, con el cruel Diablo señalando la fecha en que seremos dos.
Dos jóvenes en el mundo, tan grande para nosotros y tan pequeño para mis enormes deseos de niña.
Desde aquel día compartiremos cada rincón del planeta, besaremos cada mariposa del campo, amaremos a cuantas margaritas hallemos en el bosque, soñaremos bajo las estrellas con las pocas ilusiones que robemos.
Y con esas nubes de deseos, podremos pedirle a Dios que nos escuche y obedezca.
Nos creerá que así no poseemos felicidad, que estamos muertos por vivir. Que tú no mereces sufrir en esta vida que te tocará, y yo no puedo abandonar mis esperanzas.
Si todo esto no sucediese, significaría que Él no existe, y nunca ha existido.
Y si Dios no existe, por ende, tampoco existe el Diablo.
Si esta fantasía es sólo un mito, se borrará de mi cabeza la idea que me mortifica en vida; nadie habrá en el momento de señalar el calendario, nadie amenazará con destruir mi adolescencia, y nadie me condenará por el resto de mi existencia.

¿Entonces…existen o no el cruel Dios y el maldito Diablo?

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…