¡Oh! Qué despertar, que manera triste de levantarme de la cama, que ataques fuertes regresan a mi alma, los mismos que conozco por las noches los días de soledad nocturna.
Despierto con una tremenda idea, creo que encontré algo y no puedo volver a dormir, porque siguen en mi cabeza, dan vueltas y no se detienen. Descubrí porqué mi ánimo está por el piso, y cuál es el motivo por el cual las gotas ruedan con fuerza sobre mi mejilla y bailan al compás del llanto.
Por tres años vomité todo el amor que recibía de ustedes, no supe valorarlo, era totalmente ciega, sorda y muda.
Absolutamente todo terminaba ahí, flotando como ilusiones marchitas en el agua, y en un instante, desaparecía.
Pero eso cambió, hoy quiero recuperarlo, traerlo al presente, deseo sentir su cariño, tocar sus manos, sentir su calor, sus caricias.
Hoy los necesito más que nunca.
Mi sueño se acerca a pasos agigantados.
Sí, casi lo logro, si no fuese por las lágrimas que demuestran mis debilidades.
Porque para mí nada es tan fácil. Mis miedos son inmortales. Pero al final, descubro lo maravilloso de la vida, la felicidad de una familia, lo sano de una sonrisa, el amor de un abrazo. Hoy, por fin, dejé atrás las apariencias, opté por el camino de la verdad, el de la luz, el de la razón.
Hoy siento que el corazón da latidos más veloces y creo comprender el porqué.
Por mucho, pero mucho tiempo, los días transcurrían por leyes naturales. Ahora, comprendo que las horas no las marca el reloj, las marca la vida.
Mi corazón, este órgano que latía al ritmo de los segundos, recibía valores, sentimientos, pero nunca llegaban a lo profundo de él, quedando inevitablemente vacío. Conocía tales emociones, por no las sentía, nunca habían rozado sus suaves paredes.
Aunque los meses que transcurrieron fueron varios y lentos, nunca consiguió llenarse. Dentro era todo oscuro, silencioso, triste y desolado.
Y por sorpresa, llegó un momento en que dijo: ¡Basta!, no es mi deseo ser la parte más pobre de este cuerpo, yo también tengo el derecho de ser feliz y de sentir lo que es el amor.
El cerebro pudo comprender su pedido y largó de un golpe todo lo que había guardado, sin censura ni colador.
El corazón no logró evitar la caída brusca de sentimientos y debió canalizar y desagotar por los ojos. Por días y días esos ojos enviaban al exterior lágrimas, llanto, gotas de amor, porque el corazón no estaba en condiciones de guardar tanto cariño, porque en verdad era incontable.
Y es así cómo descubrí por qué mi mirada se nublaba y mi corazón se agrandaba cada noche, porque de un instante al otro obtuve lo que por tres años rechacé; eso que tanto necesito, eso que me inyecta vida, que me empuja hacia luchar por mis deseos, eso que incondicionalmente me regalan cada momento, y eso que en estos días he logrado comprender
Que los amo, y que me aman, y que mis miedos no son más fuertes que nuestra lucha.

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