¿Y si decido dejar de lado los sentimientos del corazón, y caminar sólo con las oscuras ideas de mi mente?
¿Y si decido recomenzar mi vida, olvidar tu nombre, callar tus labios y cegar tu enamorada mirada?
¿Y si decido cortar en pequeños trozos la foto del recuerdo de aquella noche, en la que sentí tus suaves manos y gocé el roce de tus finos labios?
¿Y si decido dejar de decidir, y soltar las riendas de mi mundo, para que cabalguen libremente entre las luces del cielo infinito?
Es que no comprendo tus agonías, tus miedos, tus respuestas aburridas y vacías de pasión.
Mis alas habían despegado vuelo, y mi libertad chocó con tu cuerpo, aquel soma que me hizo única, que me enamoró en un par de minutos, que borró mis tristezas con tu sonrisa.
Esa obsesión se agrandó y cubrió el cielo, ya no cabía espacio para el camino de las aves.
Ese abrazo fue susceptible por todos mis sentidos.
De tacto suave, de mirar lujoso, de olor a bonitas flores, a tardes de verano en la playa, de sonido agradable, como una canción romántica de los Guns, o simplemente de tu armónica voz, de sabor dulce, y comerte como al mejor helado cucurucho, gozarte y saborearte, y por último digerirte para guardarte por siempre en mi panza y mezclarte con las mariposas que revolotean dentro al verte pasar.
Esa madrugada fuiste mío, sólo mío, como vos de mis besos.
Tu mirada guió mis labios, acariciando lentamente los tuyos.
Tu piel me cautivó y la sangre corría incesantemente. Plaquetas, glóbulos, el mismo oxígeno, colisionaban entre las venas pujantes. Entraban al corazón acelerado y salían disparando como balas. Esas que matan para olvidar tristezas.
Sin minutos que mirar, sólo el sol que amanecía detrás de nuestra figura, sonreímos y nos despedimos.
No miento al decirte que fue el mejor de los besos.
Y caminé, y te fuiste.
Fue la última vez que sentí tu calor. Y aún lo extraño corazón.
Creo que no quieres volver a verme, ya no te entiendo.
No puedes dejarme parada en esta muralla; o me sostienes con tu amor, o me dejas caer al abismo.
Dices que la quieres y su bondad te preocupa. Que no deseas lastimarla. Pero mis heridas no las notas, y están presentes en mí, son volcanes de dolor, de angustia, de constante desesperación y abandono.
Sueño en tenerte aquí conmigo, y poder verte intercambiando palabras con las estrellas, que me miran intrigadas, dudosas de mi estado.
Tristes al observar mis lágrimas borrar las letras de la carta que nunca te enviaré.
Afligidas al notar cómo derramo ilusiones y esperanzas.
Por perder un amor, por sentirme vacía e inútil, pensando en esa lógica idea de acabar sola, sin un corazón latiendo a la par.
Sólo me preguntas qué hacer, y yo no respondo.
Quisiera saberlo, aunque creo que sé lo que quiero que hagas.
Que te quedes conmigo, que cubras mi pasión con tus brazos, que me regales los besos más dulces de la tierra y recibir de tu hermosa boca las palabras que alguna vez trajo el viento a mis oídos.
Tal vez quisiera escuchar de tu voz, un apasionado TE AMO.

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