Y yo sigo acá. Mirándote desde lejos y con mirada furtiva. Mis deseos de matarte, asesinarte y ahogarte se vuelven a cada instante más intensos.
Golpeo mi carne y siento que toco tu cuerpo, que lo destruyo y descuartizo; lo cocino a fuego medio y lo saborizo con las pizcas de dolor que acumulé estando a tu lado.
Aún en mis sueños te abrazo. Sólo dormida logro besarte, apasionarme entre tus brazos y enrollarme en tu calor y en el sudor que emana tu excitante presencia.
Sólo ese deseo se vuelve real en mi imaginación, cuando fantaseo en regresar el tiempo, y reencontrarnos en tu cama o en mi sofá o quizás en nuestro rincón predilecto para hacer el amor.
Cuando el susurro de tus palabras hacía eco en mi cabeza hueca, vacía por tu amor, resignada a tu ausencia.
Lo real no es más que irreal en nuestro mundo. Falsedades que representan mi presente y mi futuro. Verdad fue el pasado, fue nuestra capacidad de engendrar el amor.
Fueron las caminatas de la mano, las siestas entre sábanas, las aguas turbias entre nuestros cuerpos casi desnudos.
Hoy, las ganas sin respuestas, las emociones vanamente sentidas, la imagen mortal de aquella dama negra, la dueña del cabaret pueblerino.
Mañana será un futuro inesperado, un porvenir que no es pensado, que llega, se posa de flor en flor y es, inevitablemente, presente.
Una transformación constante, mezclada gota a gota con irracionalidades mentales, con confusiones amorosas y transfusiones de dolor.
Y ahora, cuando cae la noche, comienzo con el experimento matutino, el de deshacerme poco a poco de tu voz, de tomar una goma y borrar cada una de tus huellas que habitan en mi piel, el de unir tintes de colores para colorear las oscuras zonas de mi corazón marchito, el de encender ese fuego que ardió y quemar cada carta de amor que guardó inconcientemente mi mente.
Porque cae el sueño, el abandono, las pupilas intentan cerrarse y dormir por siempre. Desea mi alma recostarse en el lecho de cristal del cual aquella vez lo robaste, aquel día que me tomaste por sorpresa, me sacudiste y me enamoraste. Hasta me arrancaste el corazón. Lo usaste, lo agotaste y lo devolviste sin un ápice de compasión a mi dañado cuerpo.
Lo dejaste sangrar, y esa fuerte herida jamás la supiste cerrar, sigue latiendo, continúa viva y reclama por tu nombre…

No hay comentarios:
Publicar un comentario