¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

viernes, 4 de marzo de 2011

Mi cárcel.

Quise volar y noté mis alas negras oxidadas…
Quise gritar y la voz entrecortada tenía miedo a la salida, al oxigeno, al aire puro…
Quise correr y caí al notar las cadenas pesadas que apresaban mi cuerpo al suelo…
Quise llorar, pero las ajenas miradas inspiraban sólo odio y dolor…
Quise escribir pero mi corazón estaba encerrado y envuelto en espinas, sangrando y sollozando…
Quise desaparecer y borrar mis huellas, anular mis nombres y deshacer mi imagen…
Quise amar, vivir de a dos, sentir el calor de la compañía, pero me encontré sola en este mundo solitario y hostil…
Quise descansar, dormir por siempre, sin saber que las hormigas se habían llevado mi sueño..
Por eso quedo en la oscuridad de mi alma, contemplo las palomas pasar y seco las gotas que caen imaginariamente de mi rostro, apagado y muerto..

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…