¿Qué dices cuando las palabras pesadas y tristes luchan con fuerza contra la irresistible conciencia, cuando no quieren salir de la boca, cuando provocan llanto y dolor que explota dentro y fuera de tu cuerpo, cuando no sabes siquiera qué sucede dentro de ti, y te ahogas de desesperación por no comprenderte?

Siempre encontrarás una solución para fumigar tu mente de aquellas cosas que te atrapan y sofocan en esos momentos raros que te obligan a reposar y sufrir, eternamente..
En mi caso, hoja en blanco y lápiz oscuro, terapia hecha de a dos, entre mi conciencia y mi corazón..

viernes, 4 de marzo de 2011

La frágil luz de mi profunda oscuridad...



¿Quién eres? Me pregunto mirando esa imagen mojada que se contempla frente al espejo.
Por qué estás acá, nuevamente humedeciendo las sábanas, pintando de azul con acuarelas, viajando lejos de tu mundo, soñándote en la luna, siendo reina, princesa, madre e hija.
Dónde se escondió la muchacha soñadora del verano del 99’, esa dulce criatura de cabellos largos que no le temía al futuro.
Cuándo fue que enterraste la esperanza, la guardaste en un cajón y desesperadamente rompiste las llaves del cofre, para nunca volver a abrirlo.
Cómo pudo ocurrir tan deprisa.
Si tan sólo el tiempo y el espacio no fuesen reales, si tu mirada quedase plasmada en mis ojos, si tus suaves manos rozaran mi joven rostro cada oscura y fría noche de primavera, si tus palabras fuesen testimonio falaz de mi única y sagrada Biblia.
Qué haré para no desfallecer en instante alguno, cuando duerma para olvidar la más terrible de las pesadillas, y vuelva a despertar en el planeta de las soledades y cobardías.
Por qué las blandas lágrimas no arrastran con su paso la triste y melancólica mueca de dolor, que mis rasgos demuestran sin el más pequeño velo. Si sólo sueño con ser feliz, por qué no lo logro, por qué caigo una y otra vez en ese pozo ciego que me liga de ambas extremidades y me niega la libertad.
Soy esclava, estoy presa de las maldades, de los errores, de los más aterradores dolores, atada a lo ficticio, a lo material, a lo sumamente irreal, a ese cuerpo esbelto y a la juventud perfecta; encadenada a los gramos, las básculas, las medidas; rodeada de olores, sabores, sentimientos culposos, ambiciones y decepciones.
Y qué hacer en medio de este tormento, cuando el hoyo es tan profundo y oscuro como ciego, cuando las salidas no están a la vista de mis ofuscados ojos, los cuales sólo lloran y lloran…reclamando un poco de luz, un destello de color, un rayo de esperanza, un instante de ilusiones.
Tú eres mi sol.
Tu calor y tu irradiación son mi guía, la evasiva es tu nombre, tu presencia es mi tótem, tu voz es la instructora de mi espíritu, tus palabras son la magia, que envuelven cada momento feliz y único de mi corta existencia.
Este perfil hinchado, marcado por las huellas del tiempo, acurrucado entre las manchas y las gotas, cansado del día y de las noches, testigo de cada paso erróneo y de cada acto acertado, no se reconoce en sí mismo. Su naturaleza parece ser otra, ha mutado en un plazo que no es aceptado ni comprendido.
Lo que sucede es que sí hay tiempo, pero hay que saber vivirlo y gozarlo, sentirlo y aprovecharlo, agotarlo hasta sacarle el sabroso jugo.
Viaja a grandes velocidades y no espera en carruajes. No es aconsejable tomar una silla cómoda ni quedarse despreocupado esperándolo.
Él no ve, no siente, no toca, no ilumina. Es, quizás, un fantasma, una especie de visión, de manta blanca. Es aquél que tomó mis manos, llevó mi cuerpo, absorbió mi vida, y me arrojó unos años después.
Depositó mi soma lejos de la felicidad, luego de cortarme las alas, de tejer fuertes soledades, de borrar cada imagen de mi maravilloso pasado, de atar las sonrisas y enterrarlas en el infierno.
Me devolvió a la tierra como un ente, conservando mi identidad, pero consumiéndome interiormente. Quitó mi corazón y con él mi vida misma.
El tiempo fue quien me convirtió en una víctima del abandono, de las calles solitarias, de las lagunas verdes, de los paraísos ardientes. El tiempo fue quien agrandó mis miedos y ensordeció mi libre alma.

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Existe una única verdad?
Las cosas son como son o como las vemos?
Qué importa verdaderamente? Nuestra mirada? La mirada de los demás?
De qué depende? De cómo estamos, de cómo nos sentimos, de cómo vemos las cosas?
Cuántos puntos de vista existen? Uno por cada uno de nosotros?
No siempre las cosas son como creemos, ni como las vemos…
A veces hay que cambiar la mirada, cambiar la dirección y cambiar nuestro punto de vista…